
Tomás existe. En mi entorno suelo hacer uso de su nombre como eufemismo cuando quiero evitar la pronunciación de una palabrota. Un “¡Tomás!” y es suficiente para liberar tensiones. Es un ejercicio complicado cuando uno se hace mayor. El Tomás de la historia es real. Todo, menos su nombre. Simplemente lo bautizo así por la evocación mítica que me provoca.
Tomás ya tiene una edad considerable. Es superdotado. Como todos, desde que nació. El dato palmario fue que sacaba sobresalientes en todas las asignaturas… Y haciendo los 2 bachilleratos al mismo tiempo (ahora las leyes son muy “protectoras” e impiden este tipo de heroicidades). He trabajado meses con Tomás. Tuve experiencias peores, es verdad. La suya me pilló con la suficiente edad como para valorar esa experiencia de la forma debida. Sobre todo para descubrir dentro de él su gran drama.
Una vez me dijo un amigo: “conoces a una persona de verdad cuando la ves trabajar. Ahí está su verdadero yo”. Fue una reflexión que he tenido en cuenta desde entonces. Con Tomás también lo hice. Me dispuse a colaborar con él ya que había creado una empresa donde iba a desarrollar proyectos en los cuales yo estaba muy interesado. Después de varios meses descubrí que Tomás era incapaz de sacar un proyecto adelante. Ni siquiera uno. Se dedicaba a idear negocios y a localizar gente que pudiera colaborar con él. En el mundo de la empresa uno puede descubrir la figura de ese emprendedor que “ve el negocio”. Les valoro mucho. Sobre todo porque, además, de “ver”, tienen el don de “actuar”. De sacar el proyecto a cabo. Tomás empezó más de 50 proyectos en 6 meses. Se convirtió en un “emprendedor a cuenta ajena”. Esta etiqueta ya es peligrosa.
Sí conseguía hacer una cosa: venderse bien. Su inteligencia y visión lateral le ayudaban a causar muy buenas impresiones a las personas con las que se ponía en contacto. Un gran vendedor. Todo lo demás, humo. Yo mismo me dejé llevar por su elocuencia. La experiencia es una compañera de viaje que te ayuda a valorar resultados y ver posibilidades: das un tiempo para lo segundo al principio hasta que llega lo primero. Si los frutos de los primero son muy lejanos es preferible buscar otro cultivo.
Tomás es un gran conocedor de la PNL. Está muy preparado para afrontar el mundo. Menos su soledad. Su mujer y su hija, a más de 10.000 kilómetros. Su único afán, ganar dinero rápidamente y regresar a una senda de caprichos de millonario que había disfrutado hacía más de 15 años. Un experto en inteligencia emocional sin vida social alguna. Solitario. Necesitado de personas alrededor que valoren sus capacidades. Se “olvidaba” de todas aquellas personas que podían serle beneficiosas para sus intereses. Un narcisista.
Descubrí que muchos superdotados es sencillo que caigan en este trastorno de la personalidad. A veces doy gracias a Dios de que mi cerebro vaya al ritmo de mis pasos. Si fuera por delante caminaría solo. Como Tomás.

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