Dicen que en España fracasa la evaluación del desempeño. Pongo un ejemplo y creo que se entenderá rápidamente.

En una reunión, alguien suelta una ironía que resulta ofensiva contra otro. La conducta es reprobable. Si decimos “Fulano, igual desconoces que tu comentario a causado el enfado de Mengano” nos limitamos a actuar sobre la conducta observable de esa persona: destrezas, conocimientos, actuaciones… Puede parecer que la forma de trabajar sobre una persona sea superficial (sólo atacamos la parte visible de la persona). Lo cierto es que es la forma más honesta de trabajar. Y la más práctica. Con el tiempo se puede ayudar a esa persona sobre la parte invisible.

Esto, en España, es ciencia ficción. La respuesta ante la ironía suele ser un “¡Tú eres un perro!“. De esta manera, la evaluación por desempeño es imposible. ¿Por qué? Porque actuamos directamente sobre lo invisible. Juzgamos a la persona en lugar de juzgar la actuación. Ésta es la clave.

Unos puntos para terminar:

  1. Cuidado con la crítica. Las consecuencias de una crítica son, generalmente, desconocidas. Y, muchas veces, inabarcables o sin posibilidad de arreglo.
  2. Juzgar: esa atractiva tentación. Hablaremos en otro post de los juicios de valor. Quedemos con la reflexión de evitar el juicio sobre las personas. El otro día me hablaba alguien del misterio que supone las respuesta de los hombre cuando se les inquiere para algo. Es precisamente eso: un misterio. Juzguemos el acto (y de forma positiva): dejemos el juicio hacia las personas para el Juicio Final. Y si careces de fe en tal Juicio, ¿para qué vas a hacerle pasar un mal rato a nadie con tu valoración sobre su persona?
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