Dicen que en España fracasa la evaluación del desempeño. Pongo un ejemplo y creo que se entenderá rápidamente.

En una reunión, alguien suelta una ironía que resulta ofensiva contra otro. La conducta es reprobable. Si decimos “Fulano, igual desconoces que tu comentario a causado el enfado de Mengano” nos limitamos a actuar sobre la conducta observable de esa persona: destrezas, conocimientos, actuaciones… Puede parecer que la forma de trabajar sobre una persona sea superficial (sólo atacamos la parte visible de la persona). Lo cierto es que es la forma más honesta de trabajar. Y la más práctica. Con el tiempo se puede ayudar a esa persona sobre la parte invisible.

Esto, en España, es ciencia ficción. La respuesta ante la ironía suele ser un “¡Tú eres un perro!“. De esta manera, la evaluación por desempeño es imposible. ¿Por qué? Porque actuamos directamente sobre lo invisible. Juzgamos a la persona en lugar de juzgar la actuación. Ésta es la clave.

Unos puntos para terminar:

  1. Cuidado con la crítica. Las consecuencias de una crítica son, generalmente, desconocidas. Y, muchas veces, inabarcables o sin posibilidad de arreglo.
  2. Juzgar: esa atractiva tentación. Hablaremos en otro post de los juicios de valor. Quedemos con la reflexión de evitar el juicio sobre las personas. El otro día me hablaba alguien del misterio que supone las respuesta de los hombre cuando se les inquiere para algo. Es precisamente eso: un misterio. Juzguemos el acto (y de forma positiva): dejemos el juicio hacia las personas para el Juicio Final. Y si careces de fe en tal Juicio, ¿para qué vas a hacerle pasar un mal rato a nadie con tu valoración sobre su persona?

Tomás existe. En mi entorno suelo hacer uso de su nombre como eufemismo cuando quiero evitar la pronunciación de una palabrota. Un “¡Tomás!” y es suficiente para liberar tensiones. Es un ejercicio complicado cuando uno se hace mayor. El Tomás de la historia es real. Todo, menos su nombre. Simplemente lo bautizo así por la evocación mítica que me provoca.

Tomás ya tiene una edad considerable. Es superdotado. Como todos, desde que nació. El dato palmario fue que sacaba sobresalientes en todas las asignaturas… Y haciendo los 2 bachilleratos al mismo tiempo (ahora las leyes son muy “protectoras” e impiden este tipo de heroicidades). He trabajado meses con Tomás. Tuve experiencias peores, es verdad. La suya me pilló con la suficiente edad como para valorar esa experiencia de la forma debida. Sobre todo para descubrir dentro de él su gran drama.

Una vez me dijo un amigo: “conoces a una persona de verdad cuando la ves trabajar. Ahí está su verdadero yo”. Fue una reflexión que he tenido en cuenta desde entonces. Con Tomás también lo hice. Me dispuse a colaborar con él ya que había creado una empresa donde iba a desarrollar proyectos en los cuales yo estaba muy interesado. Después de varios meses descubrí que Tomás era incapaz de sacar un proyecto adelante. Ni siquiera uno. Se dedicaba a idear negocios y a localizar gente que pudiera colaborar con él. En el mundo de la empresa uno puede descubrir la figura de ese emprendedor que “ve el negocio”. Les valoro mucho. Sobre todo porque, además, de “ver”, tienen el don de “actuar”. De sacar el proyecto a cabo. Tomás empezó más de 50 proyectos en 6 meses. Se convirtió en un “emprendedor a cuenta ajena”. Esta etiqueta ya es peligrosa.

Sí conseguía hacer una cosa: venderse bien. Su inteligencia y visión lateral le ayudaban a causar muy buenas impresiones a las personas con las que se ponía en contacto. Un gran vendedor. Todo lo demás, humo. Yo mismo me dejé llevar por su elocuencia. La experiencia es una compañera de viaje que te ayuda a valorar resultados y ver posibilidades: das un tiempo para lo segundo al principio hasta que llega lo primero. Si los frutos de los primero son muy lejanos es preferible buscar otro cultivo.

Tomás es un gran conocedor de la PNL. Está muy preparado para afrontar el mundo. Menos su soledad. Su mujer y su hija, a más de 10.000 kilómetros. Su único afán, ganar dinero rápidamente y regresar a una senda de caprichos de millonario que había disfrutado hacía más de 15 años. Un experto en inteligencia emocional sin vida social alguna. Solitario. Necesitado de personas alrededor que valoren sus capacidades. Se “olvidaba” de todas aquellas personas que podían serle beneficiosas para sus intereses.  Un narcisista.

Descubrí que muchos superdotados es sencillo que caigan en este trastorno de la personalidad. A veces doy gracias a Dios de que mi cerebro vaya al ritmo de mis pasos. Si fuera por delante caminaría solo. Como Tomás.

Me ha llegado información de este proyecto: GENERACIONES INTERACTIVAS.

Francamente es muy interesante. Se remarcan aspectos muy interesantes. Comentaré algo acerca de que “los jóvenes (y los niños) navegan solos”.

Solos. Independientes. ¿Son sinónimos? Según Jorge Bucay el camino de la educación va hacia la “autodependencia” en lugar de la independencia. Les ahorraré detalles sobre la tesitura. Básicamente porque me da lo mismo: una cosa y otra son procesos de aprendizaje. Y podrán serlo si los niños han disfrutado de esa experiencia. ¿La disfrutan sólo por disponer de herramientas web? ¿Por tener más facilidad para las nuevas tecnologías?

Formar = enseñar a los hombres a ser libres. Resulta muy revelador adentrarse dentro del complejo mundo del aprendizaje sobre interacciones tecnológicas: así es la forma de cómo están aprendiendo los niños ahora. Estudiemos.

David es un genio. LLeva 5 años concursando en diferentes certámenes internacionales de Jóvenes Científicos. Ha conseguido que jóvenes menores de 18 años hayan construido un satélite, varios cohetes de combustible sólido, un avión autotripulado y un largo etcétera de proyectos científicos de gran nivel.

Coincidí con él en un certamen regional de divulgación científica. Él había asistido otras ediciones. “¿No ganasteis ese año?”, pregunté. “En la mayoría de estas historias ni los organizadores ni los propios profesores valoran lo que pueden hacer los chicos. Piensan que son imbéciles”, que es imposible que puedan asumir retos importantes. Para esta gente hacer un estudio comparativo de unos datos es una genialidad. Si se salen de eso, estás delante de un “friki”.

La reflexión fue abrumadora. David sabe que este tipo de proyectos debe hacerse con chicos menores de 18 años. ¿Por qué? “Los universitarios están muy ocupados: preparar el botellón de jueves, el del viernes, el del sábado y recuperarse para la siguiente semana”. Vaya, dirá alguno, por lo menos practican algo de química y ya conocen las disoluciones.

Ya hicimos un post acerca de las motivaciones vitales en la formación. Ahora quiero centrarme en la falta de fe de padres, profesores y políticos. Falta de fe en que los chicos puedan hacer cosas mucho mejor que nosotros. Tendrán sus defectos, es verdad, como los tuvimos nosotros. Lo importante es disponer de un plan de formación: ¿sabes a dónde ir con esos jóvenes?, ¿qué metas tienes con ellos?, ¿son objetivos ambiciosos?, ¿te crees que puedes hacer que sean genios? Y la pregunta más importante: ¿sabes hacerlo o sólo te paraliza el miedo?

Gracias a Dios hay gente como David. Ha llegado lejos porque tenía fe en un proyecto educativo. Y ha conseguido cosas maravillosas (como hacer que sus adolescentes compitan contra universitarios de todo el mundo, por ejemplo). Y muero de ganas por intentar ayudarle a demostrar que estamos en un mundo con futuro. Sí, yo tengo fe… porque creo que los chicos también pueden tenerla.

El otro día pedí a mis jóvenes amigos que escribieran una carta de despido a su entrenador. Debían emplear lenguaje positivo. La tarea resultó más compleja de lo que parece. Sobre todo a menores de 15 años.

El resultado fue divertido. Se constató la “tendencia bipolar” de los chicos: es decir, ser extremistas en todo. Hubo cartas delicadísimas, incluso impropias en la mayoría de los adultos que conozco. Otros entendieron poco la cuestión y necesitan mucho ejercicio. Ejercicio positivo.

Como otras veces, me fijo en los ejemplos valiosos. En la formación de las personas, la influencia de la familia es, como mínimo, el 80%. La mejor carta trasluce lo que se encuentra en muchas de las familias preocupadas por la formación de sus hijos: afán por evitar lo que puede herir a otro, ponerse en el lugar de los demás, empleo de la dulzura, etc. ¡Sí! Hablo del siglo XXI y existe. ¿Que son marcianos? ¿Lo dices en serio? Pues me encantaría ser invadido por ellos.

Me gustaría repetir el ejercicio con los padres. Seguro que aprenderemos mucho todos.

He visto una iniciativa-programa de varios ayuntamientos que pretende aprovechar la interacción de abuelos con nietos basándose en la teoría de que el aburrimiento despierta la creatividad.

Me parece correcta la teoría. Yendo un poco más al fondo, en el plano filosófico, escuché hace poco una frase de Pascal muy interesante: “La infelicidad del hombre se basa sólo en una cosa: que es incapaz de quedarse a solas en su habitación“.

La pelea del hombre contra el aburrimiento viene de esa inexorable necesidad por sobrevivir. Me atrevo a interpretarlo así. Reconozco que puede parecer un argumento muy darwinista. Para ello me apoyo en las tesis de la Iglesia Católica que, con gran mesura y tacto, reconocen que las tesis de Darwin pueden explicar muchas cosas. Por lógica, es imposible que expliquen toda la realidad. Por tanto, tenerla en cuenta para valorar ciertas cuestiones es una opción razonable.

Volviendo al tema del post, el hombre necesita librarse del aburrimiento. Para ello elabora estrategias, se obliga a si mismo a interaccionar con otros (incluso con gente que a uno le incomoda) para salir de esa situación. Ejemplo: en los niños se puede ver cómo entre ellos buscan maneras de divertirse entre todos cuando están aburridos. Es indiferente si uno mantiene diferencias con un compañero o es un amigo del alma: la supervivencia le lleva a jugar a lo que sea con tal de combatir el aburrimiento. Si el niño dispone de libertad de decisión, optará por aquellas estrategias de ocio donde se sienta más cómodo, por así decirlo, y evitará a esos compañeros.

Ahora me paro en ese “pánico al aburrimiento”. Un miedo atroz que lleva a cantidad de seres humanos a comprar cosas o a pasear en centros comerciales. ¿Por qué? Porque se aburren. Pensemos.

Estar a solas en una habitación asusta. Muchos caen en la depresión: los enfermos impedidos, por ejemplo. ¿Es tan malo estar a solas? Lejos de ahí. Hay otras muchas personas que en una habitación hasta se hacen santos. Eso dice mucho. El silencio es la puerta que nos enfrenta a nuestra conciencia. Superar esa puerta te hace valiente. Encuentras huecos donde ser mejor. Valoras tu proyecto personal de vida. Si tienes miedo a ello… tienes un problema: te falta un proyecto.

Y los problemas tienen solución. Valor. Enfrentémonos a nosotros mismos. Agobiarse por lo que somos es inútil. El dolor ayuda mucho en la vida: nos transmite una experiencia para el futuro. Lo importante es el proyecto: qué quiero ser.

Por cierto: el narcisista es incapaz de estar a solas en una habitación. “A solas” quiero decir: sin música, sin ordenador, sin internet, sin teléfono, sin nadie… y sin sueño ni ganas de dormir.

El aburrimiento es muy necesario. Como el dolor. Una ayuda especial. Quizás sea un don de Dios que tengamos que agradecer.

El próximo 20 de noviembre, día internacional del Niño, se lanza la Blogocampaña contra la Pornografía Infantil.

Desde este blog también me solidarizo, no faltaba más. Por otro lado, supone un aspecto más a estudiar dentro de la SOCIEDAD NARCISISTA.

Evitando entrar en detalles psicológicos sobre esta maldición, podemos plantear las siguientes cuestiones:

a) La atracción sexual hacia un menor vendrá causada por un deseo no controlable y/o insatisfecho. Ese deleite es el final de una cadena de depravación moral. Casi de lo más bajo a lo que puede llegar una persona. Muchos delincuentes pueden realizar aberraciones violentas muy llamativas y la mayoría vendrán propiciadas por enfermedades mentales. Otros personas las producen dentro de un entorno social violento (ej.: genocidio de Ruanda) de forma que persona normales llegan a asesinar a sus vecinos. Centrándonos en el problema del ‘pornógrafo‘: ¿cómo ha sido ese viaje hasta los infiernos? ¿Qué motivó el cambio? ¿Cuál fue esa decisión de la voluntad que lleva a montarse en ese tren? Hay más cosas aparte de una enfermedad. Y son cosas que están en el ambiente, en la propia sociedad. Evitando extender el problema analizando la evolución histórica de la pornografía infantil, aparece una idea de cuestión de la norma moral alrededor de la concepción a aceptación del sexo. Es decir: el sexo se entiende de forma generalizada como disfrute. A partir de ahí uno está en las vísperas de comprar un billete.

b) Para solucionar esto: ¿damos más información a la población sobre qué es el sexo? ¿O les enseñamos cómo deben hacerlo? ¿Más información? ¿Sacamos a colación más veces la palabra “sexo”? ¿Daremos la imagen de estar obsesionados? El problema se recrudecerá. Máxime si la población no encuentra alternativas. Las enfermedades mentales se pueden afrontar. Las enfermedades sociales tienen un tratamiento complejo de gestionar.

PROPUESTA 1. En este blog siempre sugerimos lo mismo: PLANTEAR MODELOS. El aprendizaje es por imitación. La sociedad debe contar con modelos positivos e imitables. Dentro del caos triunfa sólo el nihilismo.

PROPUESTA 2. ¿Han oído alguna vez la palabra “PUDOR“? ¿Les parece un término antiguo, pasado de moda? El pudor ha ayudado a todas las generaciones anteriores a la nuestra a valorar nuestra propia intimidad y, por ende, la de los demás. Una sociedad donde uno escucha palabrotas, blasfemias, palabras malsonantes y descalificaciones personales en los propios medios de comunicación ha estandarizado la cosmovisión de que “hay que ser claro y directo”, “la gente me entiende como soy” y, la peor de todas, “si no lo hiciera así no sería coherente conmigo mismo”. Vamos. Que o eres un salvaje desprovisto de adjetivos que ayuden a que nadie de enfade en un proceso comunicativo (que ya de por sí exige unos niveles de excelencia para evitar las susceptibilidades) o eres un hipócrita. Ante esta tesitura, la sociedad opta por la primera vía.

Pues opino que recuperar el concepto del pudor sería una piedra de toque fantástica para plantear modelos de personas atractivos. Pudor = respeto. Ocultar la ropa interior (hasta se han lanzado los varones a enseñarla),  apartarse de conversaciones frívolas o proponer cambiar de temas (detalles de la belleza personal, por ejemplo).

En este blog apostamos por ser exhortativos. Y esto es diferente de ser maleducado. Lo que sí se necesita es más vocabulario. Disponer de más palabras para expresar ideas.

PROPUESTA 3. Leer. Hace unos años decía: “lee algo, lo que sea, cualquier cosa… (porque has puesto sentido crítico sin palabras ni ideas)”. Ahora prefiero preguntar (es más suave): “¿Has leído algún clásico?… ¿En serio? Pues te recomiendo esto o aquello: es interesante hacerlo si luego pretendes criticarlo”.

Una cosa es ser ‘pasivo’ y otra ser ‘pasota’. Etimológicamente parece que vienen del mismo lugar, pero sus significados son diferentes.

El PASIVO deja hacer a los demás y nunca da su opinión.  El PASOTA es diferente. Simplemente manifiesta un indiferentismo absoluto sobre lo que le rodea.

Francamente, opino que el pasota absoluto no existe. Sí existen una serie de motivaciones vitales que pueden estar ausentes en un adolescente. Si en el niño desaparecen, la cosa pinta mal.

Las motivaciones vitales son, principalmente 4:

1. La pasión por el DESAFÍO.

2. El amor por el APRENDIZAJE.

3. Las ganas de HACER COSAS NUEVAS con INTERÉS y DILIGENCIA.

4. Un estado de ánimo que empuja a DESCUBRIRSE A UNO MISMO, a los demás y al mundo.

Los que son y han sido docentes reconocen estas motivaciones como cualidades vitales para el crecimiento.

Debemos alentar a los niños a adquirir alguna de ellas. Al menos una. Tendremos donde agarrarnos (para que cuando sea mayor evite los ‘botellones’, no tome porros o drogas, estudie…). Pensemos en cómo mejorarlo. Criar niños pasotas es malcriar.

Mi desconocida es otra. Guarda un aire...

Me gusta mi ciudad. Es tranquila, amable. La gente camina sim precipitarse. Al menos los sábados por la mañana.

Hoy cogí el coche para hacer deporte. Estaba llegando al semáfaro y éste ya estaba en rojo. Una mujer optó por cruzar. Decidí detenerme un momento para permitir que cruzara con comodidad (iba a tener que esperar de todas formas ante el semáfaro, no tenía a nadie detrás y la mañana del sábado discurría con pausa). La mujer iba bien vestida, tendría 70 años, me miró y me dedicó un saludo muy cordial. Tan cordial que pensé para mis adentros si reconocía a esa mujer. Simplemente se ve que era así: una dama.

Agradezco mucho los saludos afectuosos y sinceros. Supongo que proceden siempre de personas de gran inteligencia social. Lo sugiero y lo estudiaré. Ahora me fijo en los siguientes detalles:

1º Ella detectó mi atención hacia ella. Mi acción era una atención discreta y producida desde una máquica (mi coche). Muchas otras personas ni se hubieran enterado. Habrían cruzado sin mirarme. Posiblemente consideraran que esa atención hacia ellas fuera lógica y corriente (se puede entender con mis palabras que discreto: la sociedad avanza hacia posiciones donde ser educado casi es ser raro o friki).

2º Ella lo agradeció con franqueza. A veces, algunas personas te lo agardecen simplemente por educación: un giro con la mano, casi sin dirigir la cabeza. Se puede llegar a musitar un “gracias”. Por supuesto que lo agradeces (hay que hacer las cosas sin buscar que te las agradezcan: eso lo tengo muy claro). Esta mujer fue más explícita: se giró mientrsa cruzaba delante de mi coche, agitó una mano despacio, con un ademán de complicidad (fue el que me hizo sospechar que nos conocíamos).

3º Con ese saludo y su sonrisa cordial quiso manifestarme que le había sentado muy bien esa consideración hacia su persona. Que se sentía mejor.

Yo mismo me sentí mejor después de haberlo hecho. Y puedo asegurar que esta buena mujer me enamoró. Dije al principio que me gusta mi ciudad: pero prefiero a la personas que viven en ella. Hacen de Ourense una ciudad impar.

pedro

 

 

A veces un no niega

más de lo que quería, se hace múltiple.

Se dice «no, no iré»

y se destejen infinitas tramas

tejidas por los síes lentamente,

se niegan las promesas que no nos hizo nadie

sino nosotros mismos, al oído.


Cada minuto breve rehusado,

-¿eran quince, eran treinta?-

se dilata en sin fines, se hace siglos,

y un «no, esta noche no»

puede negar la eternidad de noches,

la pura eternidad.


¡Qué difícil saber adonde hiere

un no! Inocentemente

sale de labios puros, un no puro;

sin mancha ni querencia

de herir, va por el aire.

Pero el aire está lleno

de esperanzas en vuelo, las encuentra

y las traspasa por la alas tiernas

su inmensa fuerza ciega, sin querer,

y las deja sin vida y va a clavarse

en ese techo azul que nos pintamos

y abre una grieta allí.

O allí rebota

y su herir acerado

vuelve camino atrás y le desgarra

el pecho, al mismo pecho que lo dijo.


Un no da miedo. Hay que dejarlo siempre

al borde de los labios y dudarlo.

O decirlo tan suavemente

que le llegue

al que no lo esperaba

con un sonar de «sí»,

aunque no dijo sí quien lo decía.

 

[Lo comentaremos en otro post: un poema es un poema y siempre dice TODO]

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